Dos especies de lágrimas tienen los ojos de la mujer: de verdadero dolor y de despecho.
Espérame y volveré a despecho de mil muertes. Los que no me esperaban quizá dirán: “Tuvo suerte”. Ellos no comprenderán que en el rigor del combate tu esperar me salvó. Mas cómo sobreviví, sólo tú y yo lo sabremos, pero tú supiste esperar como nadie esperó.