La vanidad muere con dificultad. En algunos casos obstinados, sobrevive al hombre.
Las heridas que te causa quien te quiere, son preferibles a los besos engañadores de quien te odia.
Lo que hace tan agudo el dolor de los celos es que la vanidad no puede ayudar a soportarlo.
Lo que llamamos casualidad no es ni puede ser sino la causa ignorada de un efecto desconocido.
Los celos son el mayor de los males, y el que menos mueve a compasión a la persona que los causa.