Dios tiene dos tronos. Uno en lo más alto de los cielos y otro en el más humilde de los corazones.
Dios, aunque invisible, tiene siempre una mano tendida para levantar por un extremo la carga que abruma al pobre.
Dios, que es acto puro y no tiene nada de potencialidad, tiene un poder activo infinito sobre las demás cosas.
Donde tiene el tesoro el avariento, tiene el entendimiento.
Dos velas tengo encendidas en el altar de mi alma, y en él adoro a una virgen que tiene tu misma cara.
El abogado siempre tiene prisa.
El acreedor tiene mejor memoria que el deudor.
El amigo ha de ser como el dinero, que antes de necesitarlo, se sabe el valor que tiene.
El amor no puede permanecer en sí mismo. No tiene sentido. El amor tiene que ponerse en acción. Esa actividad nos llevará al servicio.
El amor no tiene cura, pero es la única cura para todos los males.
El amor nunca tiene razones, y la falta del amor tampoco. Todo son milagros.
El amor propio es señal de una elevada opinión de uno mismo. Si un hombre tiene amor propio, esto demuestra lo que vale.
El amor que se alimenta de regalos siempre tiene hambre.
El amor tiene dos momentos deliciosos: el primero y el último; lo malo es el tiempo que transcurre entre ellos.
El amor tiene fácil la entrada y difícil la salida
El amor tiene fácil la entrada y difícil la salida.
El amor tiene la virtud de desnudar no a los dos amantes uno frente al otro, sino a cada uno delante de sí.
El amor tiene un duende que ríe, que enciende, que crea y recrea y aunque al diablo le pese, retoña y florece y al mal lo voltea.
El amor tiene un poderoso hermano, el odio. Procura no ofender al primero, porque el otro puede matarte.
El arte es el placer de un espíritu que penetra en la naturaleza y descubre que también ésta tiene alma.
El arte no tiene nada que ver con el gusto. No existe para que se le pruebe.
El arte tiene un enemigo que se llama ignorancia.
El arte verdadero sólo tiene que lanzar proclamas y llevarse a cabo en el silencio.
El avaro carece tanto de lo que tiene como de lo que no tiene.
El azar tiene muy mala leche y muchas ganas de broma.