Cuando una medicina no hace daño deberíamos alegrarnos y no exigir además que sirva para algo.
El daño que hacemos no nos trae tantas persecuciones y odios como nuestras buenas cualidades.
Hacemos daño al hombre cuando le pedimos hacer lo que está dentro de sus posibilidades o hábitos.
La indiferencia y la negligencia a menudo hacen mucho más daño que la aversión absoluta.
La verdad no hace tanto bien en el mundo como el daño que hacen sus apariencias.
No hay cosa que haga más daño a una nación como el que la gente astuta pase por inteligente.
Pocas o ninguna vez se cumple con la ambición que no sea con daño de tercero.