El arte es subjetivo, se vuelve objetividad cuando sus destinatarios, después, se dejan envolver por él.
El arte, cuando es bueno, es siempre entretenimiento.
El avaro nunca hace cosa acertada sino cuando muere.
El azar es el seudónimo de Dios cuando no quiere firmar.
El benefactor llama a la puerta, pero el que ama la encuentra abierta.
El camino no es largo cuando amas a quien vas a visitar.
El carácter de una persona sólo se descubre cuando se convierte en patrón.
El castigo del embustero es no ser creído, aun cuando diga la verdad.
El cobarde sólo amenaza cuando está a salvo.
El colmo de la infelicidad es temer algo, cuando ya nada se espera.
El corazón del hombre necesita creer algo, y cree mentiras cuando no encuentra verdades que creer.
El corazón, cuando palpita por nada, palpita escondido.
El cuerpo del hombre es como una vestidura: cuando se ha gastado por la edad o por la enfermedad, el alma lo abandona.
El desdichado no cree a la prosperidad cuando viene.
El deseo muere automáticamente cuando se logra: fenece al satisfacerse. El amor en cambio, es un eterno insatisfecho.
El destino es una buena cosa cuando todo te va bien, cuando eso no es así, no se le llama destino, se le llama injusticia, traición o simplemente mala suerte.
El dinero es mejor que la pobreza, aun cuando sólo sea por razones financieras.
El dolor, cuando no se convierte en verdugo, es un gran maestro.
El enemigo sólo empieza a ser terrible cuando empieza a tener razon.
El erotismo es cuando la imaginación hace el amor con el cuerpo.
El escritor sólo puede interesar a la humanidad cuando en sus obras se interesa por la humanidad.
El éxito es como un terrible desastre peor que tu casa ardiendo, los ruidos del derribo cuando las vigas caen cada vez más deprisa mientras tú sigues allí, testigo desesperado de tu condenación.
El éxito es sólo la mitad de bonito cuando no hay nadie que nos envidie.
El fanatismo consiste en redoblar el esfuerzo cuando has olvidado el fin.
El filósofo, debe hacer filosofía cuando ya la vida ha pasado.