El amor es como los huéspedes. Lo que importa no es creer en ellos, sino saberlos recibir cuando se presentan, aprovecharlos mientras están, y despedirlos con cortesía cuando se marchan.
El amor es lo único que crece cuando se reparte.
El amor es muy tímido cuando es nuevo.
El amor no se mira, se siente, y aún más cuando ella está junto a ti.
El amor puede esperar todavía cuando la razón desespera.
El amor verdadero empieza cuando no se espera nada a cambio.
El aprendizaje es un regalo. Incluso cuando el dolor es tu maestro.
El árbol de la libertad debe ser regado de cuando en cuando, con la sangre de patriotas y tiranos.
El árbol de la libertad debe ser vigorizado de vez en cuando con la sangre de patriotas y tiranos: es su fertilizante natural.
El arte de dirigir consiste en saber cuando hay que abandonar la batuta para no molestar a la orquesta.
El arte es subjetivo, se vuelve objetividad cuando sus destinatarios, después, se dejan envolver por él.
El arte, cuando es bueno, es siempre entretenimiento.
El avaro no posee sus riquezas, sino que éstas le poseen a él.
El avaro nunca hace cosa acertada sino cuando muere.
El azar es el seudónimo de Dios cuando no quiere firmar.
El camino no es largo cuando amas a quien vas a visitar.
El carácter de una persona sólo se descubre cuando se convierte en patrón.
El castigo del embustero es no ser creído, aun cuando diga la verdad.
El cobarde sólo amenaza cuando está a salvo.
El colmo de la infelicidad es temer algo, cuando ya nada se espera.
El corazón del hombre necesita creer algo, y cree mentiras cuando no encuentra verdades que creer.
El corazón, cuando palpita por nada, palpita escondido.
El cuerpo del hombre es como una vestidura: cuando se ha gastado por la edad o por la enfermedad, el alma lo abandona.
El desdichado no cree a la prosperidad cuando viene.
El deseo muere automáticamente cuando se logra: fenece al satisfacerse. El amor en cambio, es un eterno insatisfecho.