El aprendizaje es un regalo. Incluso cuando el dolor es tu maestro.
El aprendizaje es un simple apéndice de nosotros mismos; dondequiera que estemos, está también nuestro aprendizaje.
El árbol de la libertad debe ser regado de cuando en cuando, con la sangre de patriotas y tiranos.
El árbol de la libertad debe ser vigorizado de vez en cuando con la sangre de patriotas y tiranos: es su fertilizante natural.
El arte de dirigir consiste en saber cuando hay que abandonar la batuta para no molestar a la orquesta.
El arte de escribir historias está en saber sacar de lo poco que se ha comprendido de la vida todo lo demás; pero acabada la página se reanuda la vida y uno se da cuenta de que lo que sabía es muy poco.
El arte de vivir esta en saber ver lo favorable.
El arte es el placer de un espíritu que penetra en la naturaleza y descubre que también ésta tiene alma.
El arte es subjetivo, se vuelve objetividad cuando sus destinatarios, después, se dejan envolver por él.
El arte sólo ofrece alternativas a quien no está prisionero de los medios de comunicación de masas.
El arte, cuando es bueno, es siempre entretenimiento.
El auténtico yo es la mejor parte del ser humano. Es la parte de ti que ya se preocupa, que ya esta apasionada sobre la evolución. Cuando tu auténtico yo milagroso se despierta y se vuelve más fuerte que tu ego, intentarás marcar una diferencia en el mundo. Literalmente entrarás en una alianza con el principio creativo.
El avaro nunca hace cosa acertada sino cuando muere.
El azar es el seudónimo de Dios cuando no quiere firmar.
El barco en que he de ir está en el puerto; a éste seguirá otro en que tú vayas. Te esperarán mis brazos, no se en dónde... tal vez en algún puerto... ¡en una playa!
El bien público está formado por un buen número de males particulares.
El buen sentido es el que mejor está repartido entre todo el mundo.
El caballero de la fe está solo en todo momento.
El camino de la civilización está pavimentado con envases de hojalata.
El camino no es largo cuando amas a quien vas a visitar.
El carácter de una persona sólo se descubre cuando se convierte en patrón.
El carácter humano es como una balanza: en un platillo está la mesura, y en el otro la audacia. El mesurado tímido y el audaz indiscreto son balanzas con un brazo, trastos inútiles.
El carácter mercantil está dispuesto a dar, pero sólo a cambio de recibir; para él, dar sin recibir significa una estafa.
El castigo del embustero es no ser creído, aun cuando diga la verdad.
El cementerio está lleno de personas imprescindibles.