La esperanza hace que agite el naufrago sus brazos en medio de las aguas, aún cuando no vea tierra por ningún lado.
La falsedad tiene alas y vuela, y la verdad la sigue arrastrándose, de modo que cuando las gentes se dan cuenta del engaño ya es demasiado tarde.
La familia es el castillo del que partimos y nuestro último reducto. Cuando se se quiebra, caemos en la despersonalización más absoluta.
La forma en que ves a la gente es la forma en la que las tratas, y la forma en la que las tratas es en lo que se convierten.
La gente a la que se honraba en La Biblia eran los falsos profetas. Aquellos a quienes nosotros llamamos los profetas era a quienes se encarcelaba y mandaba al desierto, y de allí en más.
La gente buena, si se piensa un poco en ello, ha sido siempre gente alegre.
La gente busca la felicidad como un borracho busca su casa, sabe que existe pero no la encuentra.
La gente con prejuicios sólo ve aquello que coincide con sus prejuicios.
La gente confunde el ego, la lujuria, la inseguridad, con el verdadero amor.
La gente cortesana suele ser dura con sus inferiores, porque instintivamente ejerce represalias de las humillaciones perpetuas a que se ve sometida en los palacios.
La gente de distintas partes del mundo podrá tener diferentes costumbres, idiomas extraños. Pero hay algo más hondo en común: la afinidad que nos da saber que todos somos miembros de la familia humana. Todos somos hermanos.
La gente desea aprender a nadar y al mismo tiempo mantener un pie en tierra.
La gente generalmente confunde lo que leen en los periódicos con las noticias.
La gente grata tiene un final ingrato.
La gente necesita, además de un cantante, canalizar su necesidad de un líder de ideas, pero yo no soy un político, yo canto, es mi trabajo.
La gente no busca razones para hacer lo que quiere hacer, busca excusas.
La gente no puede descubrir nuevas tierras hasta que tenga el valor de perder de vista la orilla.
La gente no tiene idea de hasta qué punto es arrastrada por el miedo. Este miedo no es fácilmente definible. Hay momentos en que este miedo se vuelve casi una obsesión.
La gente no va a la iglesia en busca de sermones sino a soñar con dios.
La gente paga por su propia subordinación.
La gente podrá hacer cualquier cosa, no importa cuán absurda, con el fin de evitar enfrentar su propia alma.
La gente que cesa de creer en dios o en la bondad todavía suele creer en el demonio. No sé por qué. O sí lo sé: la maldad es siempre posible, la bondad es una dificultad eterna.
La gente que escribe libros, rara vez son intelectuales. Los intelectuales son gente que hablan sobre los libros que han escrito otros.
La gente que no para de trabajar lo hace para no tener tiempo de acordarse de que no tiene nada que hacer.
La gente se arregla todos los días el cabello. ¿Por qué no el corazón?