Casi siempre me ocurre a mí con la gente lo que le ocurría a Jesús de Nazaret cuando llamaba a sus discípulos: que siempre estaban todos dormidos.
Casi todo lo humano está en la infancia. Cuando esa etapa ha sido feliz, sana, llena de afecto y bien enfocada, uno sale fuerte para todo.
Cerca de la iglesia, lejos de dios.
Chau...amor mío, no me digas chau... que siento frió cuando vos te vas, si te quiero tanto que no puedo más.
Ciertos hombres de mal corazón creen reconciliarse con el cielo cuando dan una limosna.
Claro que vivimos en un mundo en el que nadie es quien dice ser.
Comer bien, dormir bien, ir donde se desea, permanecer donde interese, no quejarse nunca y, sobre todo, huir como de la peste de los principales monumentos de la ciudad.
Comer con desgana convierte el alimento en repulsivo manjar.
Comer sin trabajar, no se debe tolerar.
Comienza a manifestarse la madurez cuando sentimos que nuestra preocupación es mayor por los demás que por nosotros mismos.
Como el camino terreno está sembrado de espinas, Dios ha dado al hombre tres dones: la sonrisa, el sueño y la esperanza.
Cómo es que cuando quiero un par de manos también me traen un ser humano.
Como los políticos nunca creen lo que dicen, se sorprenden cuando alguien sí lo cree.
Como suele decirse, persigue al mentiroso hasta el umbral de su mentira.
Cómo tener confianza de una mujer que le dice a uno su verdadera edad. Una mujer capaz de decir esto es capaz de decirlo todo.
Con azúcar y miel, hasta los caracoles saben bien.
Con dinero baila el perro, y con un poco más hasta el dueño.
Con el dinero sucede lo mismo que con el papel higiénico; cuando se necesita, se necesita urgentemente.
Con frecuencia el hombre cree estar conduciéndose a sí mismo cuando es conducido, y mientras con su mente tiende a una meta, su corazón le arrastra insensiblemente hacia otra.
Con frecuencia, algunos buscan la felicidad como se buscan los lentes cuando se tienen sobre la nariz.
Con múltiple espejo captaba yo aun su mirada cuando su boca estaba cerrada, para que me hablaran sus ojos. Y sus ojos me hablaban, en efecto.
Con un dios le bendiga no se compra nada.
Con un poder absoluto hasta a un burro le resulta fácil gobernar.
Con veinte años todos tienen el rostro que Dios les ha dado; con cuarenta el rostro que les ha dado la vida y con sesenta el que se merecen.
Concentra todos tus pensamientos en el trabajo que estás haciendo. Los rayos de sol no queman hasta que se concentran en un punto.