Me pregunta usted: "Exactamente, ¿por qué no cree usted en Dios?". Porque no he encontrado argumento racional que apoye dicha creencia.
Me siento como si fuera una pieza en una partida de ajedrez, cuando mi oponente me indica: esa pieza no puede ser movida.
Me siento vagabunda de las letras. Quiero comer mi pan con el mendigo. Beber vino de todos. Tomar el sol tendida sobre la hierba húmeda.
Mejor comer pan de mendigo con quienes amamos vivir, que llevar la culpa consigo y probar su sangre en rico festín.
Mi alma a dios, mi vida al rey, mi corazón a la dama.
Mi casa se puebla de arlequines cuando hay ruido de besos en el aire.
Mi cazador de libélulas, ¿hasta donde se me habría extraviado hoy?.
Mi educación fue muy buena hasta que el colegio me la interrumpió.
Mi río con tu río, mi mano con tu mano se ignoran. Cariño mío, alegría hasta que el alba alcance a la siguiente.
Mientras la guerra sea considerada como mala, conservará su fascinación. Cuando sea teñida por vulgar, cesará su popularidad.
Muchas veces las palabras que tendríamos que haber dicho no se presentan ante nuestro espíritu hasta que ya es demasiado tarde.
Muchas veces lo que no se halla cuando se busca, sale al encuentro cuando no se busca.
Muchas veces lo que se calla hace más impresión que lo que se dice.
Muchos hablan sinceramente cuando dicen que desprecian las riquezas, pero se refieren a las riquezas que poseen los demás.
Música, solo música, callada música. Siempre música, esto es Dios.
Muy distinto es no decir lo que se piensa que no pensar lo que se dice.
Muy sentida es la muerte cuando el padre queda vivo.
Nada debe turbar la ecuanimidad del ánimo; hasta nuestra pasión, hasta nuestros arrebatos deben ser medidos y ponderados.
Nada es real hasta que se experimenta; aun un proverbio no lo es hasta que la vida no lo haya ilustrado.
Nada más evidente que el hecho de que cada nación da a su dios las características propias, y que cada individuo da a su dios sus peculiaridades personales.
Nada más imperioso que la debilidad cuando se siente apoyada por la fuerza.
Nada pesa tanto como el corazón cuando está cansado.
Nadie a la libertad tiene derecho, cuando no hace hábito y gala de respetar la libertad ajena.
Nadie debe comer sin habérselo ganado.
Nadie fue ayer ni va hoy, ni irá mañana hacia Dios por este mismo camino que yo voy.