El amor es como los huéspedes. Lo que importa no es creer en ellos, sino saberlos recibir cuando se presentan, aprovecharlos mientras están, y despedirlos con cortesía cuando se marchan.
El amor es la primera palabra de dios. Es el primer pensamiento que cruzó por su mente.
El amor es lo único que crece cuando se reparte.
El amor es más bien el dios de las sensaciones que el dios de los sentimientos.
El amor es muy tímido cuando es nuevo.
El amor no se mira, se siente, y aún más cuando ella está junto a ti.
El amor puede esperar todavía cuando la razón desespera.
El amor sin ternura es puro afán de dominio y de autoafirmación hasta lo destructivo. La ternura sin amor es sensiblería blanda incapaz de crear nada.
El amor verdadero empieza cuando no se espera nada a cambio.
El aprendizaje es un regalo. Incluso cuando el dolor es tu maestro.
El árbol de la libertad debe ser regado de cuando en cuando, con la sangre de patriotas y tiranos.
El árbol de la libertad debe ser vigorizado de vez en cuando con la sangre de patriotas y tiranos: es su fertilizante natural.
El arco dice bajito a la flecha, al despedirla: tu libertad es mía.
El arte de dirigir consiste en saber cuando hay que abandonar la batuta para no molestar a la orquesta.
El arte de vivir consiste en conseguir que hasta los sepultureros lamenten tu muerte.
El arte es subjetivo, se vuelve objetividad cuando sus destinatarios, después, se dejan envolver por él.
El arte, cuando es bueno, es siempre entretenimiento.
El avaro nunca hace cosa acertada sino cuando muere.
El azar no existe; Dios no juega a los dados.
El buen Dios ha de tenernos en verdad mucho cariño para acercarse siempre a nosotros con un tiempo tan malo.
El camino no es largo cuando amas a quien vas a visitar.
El carácter de una persona sólo se descubre cuando se convierte en patrón.
El castigo del embustero es no ser creído, aun cuando diga la verdad.
El cobarde sólo amenaza cuando está a salvo.
El colmo de la infelicidad es temer algo, cuando ya nada se espera.