Cuando mis cronopios hicieron algunas de las suyas en Corrientes y Esmeralda, una heminente intelectual exclamó: ¡qué lástima, pensar que era un escritor tan serio!.
El ajedrez es un juego que me apasionó de joven, pero un buen día me empezó a tomar demasiado tiempo y entonces lo eliminé.
En literatura no hay temas buenos ni temas malos, hay tan sólo temas bien o mal tratados.
En realidad las cosas verdaderamente difíciles son todo lo que la gente cree poder hacer a cada momento.
Felices los que eligen, los que aceptan ser elegidos
Fui una letra de tango para tu indiferente melodía
Los libros van siendo el único lugar de la casa donde todavía se puede estar tranquilo.
Nada está perdido si se tiene el valor de proclamar que todo está perdido y hay que empezar de nuevo.
Ningún juego te hará olvidar: tu alma es una máquina fría, un lúcido registro
No me creas demasiado optimista; conozco a mi país, y a muchos otros que lo rodean. Pero hay signos, hay signos.
Para qué volver sobre el echo sabido de que cuanto más se parece un libro a una pipa de opio más satisfecho queda el chino que lo fuma, dispuesto a lo sumo a discutir la calidad del opio pero no sus efectos letárgicos.
Si la personalidad humana no adquiere toda su fuerza, toda su potencia, entre las cuales lo lúdico y lo erótico son pulsiones fundamentales, ninguna revolución va a cumplir su camino.
Un mundo donde te movías como un caballo de ajedrez que se moviera como una torre que se moviera como un alfil.
Ven a dormir conmigo: no haremos el amor, él nos hará.
¿Hasta cuándo vamos a seguir creyendo que la felicidad no es más que uno de los juegos de la ilusión?