Para conocer a una mujer hace falta toda una vida.
Para conocer al hombre basta estudiarse a sí mismo; para conocer a los hombres se precisa vivir en medio de ellos.
Para conocer la dicha hay que tener el valor de tragársela. (A la dicha).
Para conocer la flor del ciruelo, tanto el propio corazón como la propia nariz.
Para torturar a un hombre tienes que conocer sus placeres.
Recordar es el mejor modo de olvidar.
Recordar es la única manera de detener el tiempo.
Recordar, siempre se necesita una mano que ayude, éllas están en el extremo de tus brazos. Mientras nos vamos haciendo más viejos, ellas nos recuerdan que una mano es para que te ayuden y la otra para ayudar.
Saber es recordar.
Sabia virtud de conocer el tiempo; a tiempo amar y desatarse a tiempo.
Sabiduría es conocer y transformar.
Ser mejor sólo quiere decir: llegar a conocer mejor. Sin embargo, debe ser un conocimiento que no nos dé tregua, que nos acose siempre. Es mortal un conocimiento que nos vaya aplacando.
Si pudieramos conocer el resultado de nuestras acciones antes de realizarlas, no existiría el arrepentimiento.
Si quieres conocer a un hombre libre, observa a aquel que crea.
Si quieres conocer a una persona, no le preguntes lo que piensa sino lo que ama.
Si quieres conocer el valor del dinero, trata de pedirlo prestado.
Sin no conoces todavía la vida, ¿cómo puede ser posible conocer la muerte?
Sus ojos me hablaron de cosas eternas, su boca me hizo conocer el sabor de la vida.
Tengo que conocer a la otra persona y a mí mismo objetivamente, para poder ver su realidad, o, más bien, para dejar de lado las ilusiones, mi imagen irracionalmente deformada de ella.
Todo lo que se llama estudiar y aprender no es otra cosa que recordar.
Una de las principales enfermedades del hombre es su inquieta curiosidad por conocer lo que no puede llegar a saber.
Vale la pena conocer al enemigo... entre otras cosas por la posibilidad de que algún día se convierta en un amigo.
Yo no procuro conocer las preguntas; procuro conocer las respuestas.
Yo no sé cocinar, llevar sombrero, ser acogedora, llevar joyas, arreglar flores, recordar citas, agradecer regalos, dar la propina adecuada, retener a un hombre, mostrar interés en las reuniones de padres.
¡Actúa en vez de suplicar. Sacrifícate sin esperanza de gloria ni recompensa! Si quieres conocer los milagros, hazlos tú antes. Sólo así podrá cumplirse tu peculiar destino.