Los cautos rara vez se equivocan.
Los defectos de un hombre se adecuan siempre a su tipo de mente. Observa sus defectos y conocerás sus virtudes.
Los defectos y faltas de los hombres dan a conocer su verdadera valía. Si examinamos con atención las faltas de un hombre, llegaremos a conocer si su bondad es sincera o fingida.
Los hombres se distinguen menos por sus cualidades naturales que por la cultura que ellos mismos se proporcionan. Los únicos que no cambian son los sabios de primer orden y los completamente idiotas.
Los hombres vicioso procuran disimular sus faltas con apariencias de honradez.
Los vicios vienen como pasajeros, nos visitan como huéspedes y se quedan como amos.
Mejor que el hombre que sabe lo que es justo es el hombre que ama lo justo.
Mi doctrina toda se resume en una sola cosa: «tchung» (el medio); o, acaso, en una sola palabra: «shu» (igualdad, reciprocidad, amor al prójimo).
Mucho más excelente es la virtud del que permanece fiel a la práctica del bien,aunque el país se halle carente de leyes y sufra una deficiente administración.
Nada es más digna de admiración en un hombre noble que el saber aceptar e imitar las virtudes de los demás.
Nadie debe comer sin habérselo ganado.
No debe afligirnos el que los hombres no os conozcan. Lo lamentable es que no seáis dignos de ser conocidos por los hombres.
No debes quejarte de la nieve en el tejado de tu vecino cuando también cubre el umbral de tu casa.
No enseñar a un hombre que está dispuesto a aprender es desaprovechar a un hombre.
No hagas a los otros lo que no te gustaría que te hicieran a ti.
No hay nada más patente que lo secreto, ni nada más tangible que lo recóndito; por eso, el noble debe ser cauteloso con respecto a lo que él sólo es para sí.
No importa cuán lento te muevas, siempre y cuando no pares.
No os avergoncéis de preguntar para resolver vuestras dudas, y meditad las respuestas que os hayan sido dadas.
No pretendas apagar con fuego un incendio, ni remediar con agua una inundación.
No puede ser calificado de noble quien desconoce la voluntad del cielo, no puede estar asentado sobre una base firme quien ignora las leyes de las conveniencias («li»); no puede conocer a los hombres quien no entiende de las palabras de ellos.
No son las malas hierbas las que ahogan la buena semilla, sino la negligencia del campesino.
No veo ningún rey sabio. Nadie puede escucharme. Tengo que morir.
Nunca olvidéis, discípulos, que un gobierno opresor es más cruel que un tigre.
Odia a los que son viles y calumnian a quienes son superiores a ellos; odia a los valientes que no saben de normas de convivencia; odia a los fanáticos atrevidos que son gente estrecha de miras.
Oír o leer sin reflexionar es una ocupación inútil.