Estaría dispuesto a ejercer cualquier oficio si con él pudiera obtener grandes riquezas por medios honrados; si por el contrario, para enriquecerse debiera emplear medios deshonestos, preferiría seguir en la pobreza dedicándome a mis actividades favoritas.
Estudia el pasado si quieres pronosticar el futuro.
Exígete mucho a ti mismo y espera poco de los demás. Así te ahorrarás disgustos.
Gobernar es rectificar.
Hacer verdaderos los pensamientos significa no engañarse a sí mismo.
La conducta del sabio es como el agua: carece de sabor, pero a todos complace; carece de color, pero es bella y cautivadora; carece de forma, pero se adapta con sencillez y orden a las más variadas figuras.
La cortesía que debe presidir nuestras actuaciones cotidianas se fundamenta principalmente en el respeto y comprensión hacia todos.
La ignorancia es la noche de la mente: pero una noche sin luna y sin estrellas.
La inconstancia y la impaciencia destruyen los más elevados propósitos.
La medida y el medio son la culminación de la naturaleza humana. El estado en el cual aún no se manifiesta la esperanza, ni la ira, ni la tristeza, ni la alegría, se llama el medio. El estado en el cual ellas se manifiestan pero aciertan el ritmo justo se llama la armonía.
La naturaleza hace que los hombres nos parezcamos unos a otros y nos juntemos; la educación hace que seamos diferentes y que nos alejemos.
La naturaleza humana es buena y la maldad es esencialmente antinatural.
La sabiduría y la prudencia de nada sirven si no se presenta una ocasión propicia; los buenos arados nada pueden por sí solos, si no se presenta una estación favorable.
La verdad no puede apartarse de la naturaleza humana. Si lo que consideramos verdad se aparta de la naturaleza humana, entonces no puede ser verdad.
La verdadera ciencia consiste en conocer que se sabe lo que realmente se sabe, y que se ignora lo que en verdad se ignora. En esto consiste la verdadera sabiduría.
La virtud no habita en la soledad: debe tener vecinos.
Las desgracias, al igual que la fortuna, sólo llegan cuando las hemos buscado con nuestros actos.
Las mejores palabras son aquellas que encierran un profundo significado y, al mismo tiempo, resultan comprensibles para todo el mundo.
Las palabras han de expresar con fidelidad nuestro pensamiento.
Las penas y privaciones agudizan la inteligencia y fortalecen la prudencia.
Lo que hagáis, a vosotros os pertenece; yo sólo debo responder de mis propios actos.
Lo que no quieras que los otros te hagan a ti, no lo hagas a los otros.
Lo que quiere el sabio, lo busca en sí mismo; el vulgo, lo busca en los demás.
Lo único que yo ambiciono y deseo es no caer en la necesidad de vanagloriarme por mis virtudes y por mi inteligencia, y no pregonar mis buenas acciones.
Los caminos del sabio son elevados e inasequibles. Sus actos pueden ser admirados, pero no imitados.