No vayas fuera, vuelve a ti mismo. En el hombre interior habita la verdad.
No vinimos a este mundo para ver pasar las liebres.
No viviré si no es para buscarte y cruzaré el dolor para adorarte.
No voy a dejar de hablarle sólo porque no me esté escuchando. Me gusta escucharme a mí mismo. Es uno de mis mayores placeres. A menudo mantengo largas conversaciones conmigo mismo, y soy tan inteligente que a veces no entiendo ni una palabra de lo que digo.
Noble cosa es, aún para un anciano, el aprender.
Nos apresuramos a pasar por alto los pasos previos a la programación, para tener tiempo de arreglar los errores cometidos por apurarnos a pasar a la programación.
Nos damos bien a la pena y nos imponemos privaciones para curar el cuerpo; se puede, pienso, hacer lo mismo para curar el alma.
Nos interesan los demás cuando se interesan por nosotros.
Nos juzgamos a nosotros mismos por lo que no nos sentimos capaces de hacer, mientras que los demás nos juzgan por lo que hemos hecho.
Nuestra cabeza es redonda para permitir al pensamiento cambiar de dirección.
Nuestra crítica consiste en reprochar a los demás el no tener las cualidades que nosotros creemos tener.
Nuestra lealtad es para las especies y el planeta. Nuestra obligación de sobrevivir no es sólo para nosotros mismos sino también para ese cosmos, antiguo y vasto, del cual derivamos.
Nuestra vida es como un sueño. Pero en las mejores horas nos despertamos lo suficiente como para darnos cuenta de que estamos soñando. La mayor parte del tiempo, sin embargo, estamos profundamente dormidos.
Nuestros sufrimientos son caricias bondadosas de Dios, llamándonos para que nos volvamos a Él, y para hacernos reconocer que no somos nosotros los que controlamos nuestras vidas, sino que es Dios quien tiene el control, y podemos confiar plenamente en Él.
Nunca consideres el estudio como un deber, sino como una oportunidad para penetrar en el maravilloso mundo del saber.
Nunca digas nada de ti mismo que no quieres que se convierta en realidad.
Nunca eres demasiado viejo para tener otra meta u otro sueño.
Nunca es igual saber la verdad por uno mismo que tener que escucharla por otro.
Nunca es tarde para bien hacer; haz hoy lo que no hiciste ayer.
Nunca es tarde para el arrepentimiento y la reparación.
Nunca es tarde para no hacer nada.
Nunca falta al avariento razón para negar.
Nunca he odiado a un hombre tanto como para devolverle sus diamantes.
Nunca las noticias son malas para los elegidos de Dios.
Nunca leo novelas ni ensayos, sino biografías. Para mí, es más importante la vida de un hombre que sus sueños de papel.