Para ir delante de los demás, se necesita ver más que ellos.
Para los vanidosos todos los demás hombres son admiradores.
Para ser feliz hace falta, sobre todo, estar conforme con uno mismo.
Para ser feliz hay que vivir en guerra con las propias pasiones y en paz con las de los demás.
Pensad por cuenta propia y dejad que los demás disfruten del derecho a hacer lo mismo.
Perdona siempre a los demás, nunca a ti mismo.
Podemos comprendernos unos a otros, pero sólo a sí mismo puede interpretarse cada uno.
Por primera vez me parece buena una cadena para atar, dentro de un cerco mismo, a todos los pueblos de mi América.
Puedes juzgar a los demás cuando te conozcas a ti mismo. Ahora dime: ¿quién entre nosotros es culpable y cuál inocente?.
Quien se controla a sí mismo y por el bien, no tendrá dificultad alguna para gobernar con eficacia. Al que no sabe gobernarse a sí mismo, le resultará imposible ordenar la conducta de los demás hombres.
Quien sólo vive para sí, está muerto para los demás.
Se amigo de ti mismo y lo serán los demás.
Se tiene el talento para honrarse con él, no para deshonrar a los demás.
Sé útil primero a los demás, si quieres ser útil a ti mismo.
Ser bueno solamente consigo mismo es ser bueno para nada.
Ser leal a sí mismo es el único modo de llegar a ser leal a los demás.
Si conoces a los demás y te conoces a ti mismo, ni en cien batallas correrás peligro; si no conoces a los demás, pero te conoces a ti mismo, perderás una batalla y ganarás otra; si no conoces a los demás ni te conoces a ti mismo, correrás peligro en cada batalla.
Si no se vive para los demás, la vida carece de sentido.
Si no tienes razón para vivir, no trates de vivir por los demás.
Si quieres conocerte, observa la conducta de los demás. Si quieres comprender a los demás, mira en tu propio corazón.
Si usted permanece calmo, tranquilo y seguro de sí mismo, mientras los demás corren a su alrededor perdiendo la cabeza, quizá usted no comprende la gravedad de la situación.
Soy lo suficientemente feo y lo suficientemente bajo como para triunfar por mí mismo.
Tener suficiente dominio de sí mismo para juzgar a los otros por comparación con nosotros mismos, y obrar en relación a ellos tal como desearíamos que obrasen con nosotros, a esto es a lo que puede llamarse doctrina de la humanidad; no hay nada más allá de esto.
Tengo que conocer a la otra persona y a mí mismo objetivamente, para poder ver su realidad, o, más bien, para dejar de lado las ilusiones, mi imagen irracionalmente deformada de ella.
Tienes el poder para ser libre en este mismo momento, el poder está siempre en el presente porque toda la vida está en cada instante.