Gran parte de las experiencias que he hecho sobre mí mismo las hice observando las particularidades de los demás.
Guarda los buenos recuerdos para los malos momentos y escucha... Apuntate a la vida, a decir lo que sientes, a sentir lo que vales, a soñar lo que quieres y a saber que te sobra con tener lo que tienes.
Ha decidido vivir para siempre o morir en el intento.
Habla para que yo te conozca.
Hablar mal de los demás es una forma deshonesta de alabarnos a nosotros mismos.
Hablemos y escribamos en americano; es decir en lenguaje para el que creamos las voces que estimemos apropiadas a nuestra manera de ser social, a nuestras instituciones democráticas.
Hace falta estar a punto de morirse para caer en la cuenta de que nada en esta vida tiene la más mínima importancia, pero claro, en ese momento lo jodido es que ya tampoco te sirve para nada haberlo descubierto.
Hace falta más valor para sufrir que para morir.
Hace falta toda una vida para aprender a vivir.
Hace falta un sol doble para alumbrar el fondo de la estupidez humana.
Hace falta una mente muy poco corriente para acometer el análisis de lo obvio.
Hacer con soltura lo que es difícil a los demás, he ahí la señal del talento; hacer lo que es imposible al talento, he ahí el signo del genio.
Hacer un mundo en seis días, para contemplar sus imperfecciones tantas eras.
Hacer una buena ensalada es como ser un diplomático brillante; el problema es el mismo en ambos casos: saber con exactitud la cantidad de aceite que hay que mezclar con el vinagre.
Hacer verdaderos los pensamientos significa no engañarse a sí mismo.
Halla la recompensa de hacer el bien por el bien mismo.
Hay alguien tan inteligente que aprende de la experiencia de los demás.
Hay caídos que no se levantan para no volver a caer.
Hay ciertas cosas que para hacerlas bien no basta haberlas aprendido.
Hay dos clases de políticos: Los que usan la lengua para disimular sus pensamientos, y los que la usan para ocultar su falta de pensamientos.
Hay gente en ocasiones que deseas que fuera un libro, para así poder cerrarla con un sonoro y seco golpe de la mano, sin marcar la página, y devolverla luego para siempre al lugar en que por derecho corresponde: los mustios anaqueles de una rancia biblioteca.
Hay gente que cree que el único equipo que se necesita para discutir de religión, es una boca.
Hay gente que posee, no tanto genio. como cierto talento para captarle al siglo o incluso al decenio sus deseos antes de que éstos los pongan de manifiesto.
Hay gentes tan llenas de sentido común, que no les queda el más pequeño rincón para el sentido propio.
Hay grandes hombres que hacen a todos los demás sentirse pequeños. Pero la verdadera grandeza consiste en hacer que todos se sientan grandes.