El público es más inteligente de lo que él mismo cree, pero no hay que decírselo, porque si no se vuelve aún más impertinente de lo que es de por sí.
El que a los suyos menosprecia, a sí mismo se desprecia.
El que conoce el arte de vivir consigo mismo ignora el aburrimiento.
El que domina a los otros es fuerte; el que se domina a sí mismo es poderoso.
El que empieza a instruirse en la filosofía de todo se echa la culpa a sí mismo.
El que escribe en el alma de un niño escribe para siempre.
El que hace un favor a quien lo merece, él mismo lo recibe.
El que no cree en si mismo miente siempre.
El que no encuentra un biógrafo ha de forjarse la vida él mismo.
El que no puede sobrellevar lo malo no vive para ver lo bueno.
El que no que no ve, no cree, y el que no sabe, trata a los demás de necios
El que no se posee a sí mismo es extremadamente pobre.
El que no sirve para servir, no sirve para vivir.
El que no tiene opinión propia siempre contradice la de los demás.
El que quiera prosperar en sus negocios hágalos por sí mismo, y si quiere que todo le salga mal, no tiene más que confiarlos a manos ajenas.
El que quiere interesar a los demás tiene que provocarlos.
El que respira, dice: tengo todavía todo por respirar. El infeliz, dice: tengo todavía lugar para las desdichas de los otros. El que ha muerto, nos dice: no conozco nada todavía, no puedo estar muerto.
El que rompe algo para saber lo que es ha perdido el camino de la sabiduría.
El que te habla de los defectos de los demás, con los demás hablará de los tuyos.
El que tiene un derecho no obtiene el de violar el ajeno para mantener el suyo.
El que tiene un porqué para vivir sabe soportar el cómo.
El que tuvo, retuvo, y guardó para la vejez.
El razonar riguroso y preciso es el único remedio universal válido para todas las personas y disposiciones.
El recuerdo que deja un libro es más importante que el libro mismo.
El requisito definitivo para la grandeza de un artista es su propia muerte.