La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda, y cómo la recuerda para contarla.
Las almas más grandes son tan capaces de los mayores vicios como de las mayores virtudes.
Las convicciones políticas son como la virginidad: una vez perdidas, no vuelven a recobrarse.
Las grandes naciones han actuado siempre como gánsteres, y las pequeñas como prostitutas.
Las guerras seguirán mientras el color de la piel siga siendo más importante que el de los ojos.