Las grandes personas, que son las buenas, son ante todo pródigas, y no se preocupan mucho de sus expansiones. Hay que reír y llorar, amar, trabajar, gozar y sufrir; en fin, vibrar todo lo que se pueda y en todos los sentidos. ¿No consiste en esto lo verdaderamente humano?.
Las ideas justas, por sobre todo obstáculo y valla, llegan a logro.
Las ilusiones perdidas son hojas, desprendidas del árbol del corazón.
Las mujeres han servido durante todo este siglo como espejos que poseyeran el poder de reflejar la figura del hombre a un tamaño doble del natural.
Las mujeres llaman arrepentimiento al recuerdo de sus faltas; pero, sobre todo, al sentimiento de no poder cometerlas de nuevo.
Las mujeres no son más que órganos genitales articulados y dotados de la facultad de gastar todo el dinero del hombre.
Las mujeres son extremadas en todo: o son mejores o son peores que los hombres.
Las mujeres son muy útiles, sobre todo por la noche y, con frecuencia, durante el día.
Las olas del corazón no estallarían en tan bellas espumas ni se convertirían en espíritu si no chocaran con el destino,esa vieja roca muda.
Las palabras deshonran cuando no llevan detrás un corazón limpio y entero.
Las palabras deshonran cuando no llevan detrás un corazón limpio y entero. Las palabras están de más, cuando no fundan, cuando no esclarecen, cuando no atraen, cuando no añaden.
Las palabras es todo lo que tenemos.
Las palabras están llenas de falsedad o de arte; la mirada es el lenguaje del corazón.
Las palabras hacen versos, únicamente el corazón es poeta.
Las palabras han de expresar con fidelidad nuestro pensamiento.
Las pasiones son como los vientos, que son necesarios para dar movimiento a todo, aunque a menudo sean causa de huracanes.
Las pasiones son los viajes del corazón.
Las pequeñeces no son lo eterno, y lo demás, todo lo demás, lo breve, lo muy breve.
Las personas melancólicas gozan lamentándose los secretos del corazón.
Las verdades que revela la inteligencia permanecen estériles. Sólo el corazón es capaz de fecundar los sueños.
Le sangraban los ojos, nunca el corazón.
Libéranos de todos esos conceptos malditos, de esa manía de tener que explicarlo todo.
Llamamos peligrosos a los que poseen un espíritu contrario al nuestro, e inmorales a los que no profesan nuestra moral.
Llevadero sería todo trabajo, si no lo acrecentase la opinión de las gentes.
Llevé la fotografía como un pato al agua. Nunca deseé hacer todo lo demás. El entusiasmo sobre el tema es el voltaje que me empuja sobre la montaña de la servidumbre necesaria para producir la fotografía final.