Soledad te pedía y soledad me diste, y es ésta la alegría de mi existencia triste.
Te curaste con olvido y yo he seguido queriéndote con mi equívoco amor, firme en mi error.
Todos los días son aniversarios que una memoria infiel no conmemora: aniversarios de lejanas dichas, de sueños, de inquietudes y de auroras.
Un aire de caricias ondula la marea castaña de tu pelo con luz que balbucea.
Y yo respiro, y ando, y caigo, y giro y vuelvo a ver los árboles sedientos y los pájaros disparados en la embriaguez de la música del viento y estoy inmóvil y absorto y maravillado de un día más en el pecho ardiendo.
Yo nací un día que Dios estuvo enfermo.
¡Has de echarle los brazos a la vida cuanto más en la noche te sientas naufragar!.
¡Nuestro deber oscuro es cantar a la paz, a la armonía, al fraternal abrazo de comunión de sueños de los hombres!.
¡Y no olvidamos!. De súbito, nos viene antigua lumbre, nos enciende y dora, y nos puebla de imágenes queridas o de remordimiento nos agobia.
¿Batallas?, ¡no!, pasiones. Y pasiones precedidas de dolores con rejas de esperanzas, de dolores de pueblos con esperanzas de hombres!, ¡muerte y pasión de paz, las populares!.
¿Mi imagen estará en tus ojos?, sueño...
Al césar lo que es del césar y a dios lo que es de dios.
Amor: una serpiente con dos cabezas que se vigilan sin cesar.
No es deshonor no alcanzar una cosa, sino cesar de poner los medios.
Para no ser los esclavos martirizados del tiempo, embriagaos, ¡embriagaros sin cesar! con vino, poesía o virtud, a vuestra guisa.
Se habla sin cesar contra las pasiones. Se las considera la fuente de todo mal humano, pero se olvida que también lo son de todo placer.
Volved a emprender veinte veces vuestra obra, pulidla sin cesar y volvedla a pulir.
¿La cuestión de la fe? Me la planteo todos los días, sin cesar. He dicho no. He dicho no a Dios, si se me permite expresarme de esta manera brutal; pero la cuestión se replantea a cada instante. Estoy obsesionado, digámoslo claramente, obsesionado, si no por Dios, por el no-Dios. Así es.