El panteísta es un ateo disfrazado de Dios mismo.
El perdón, una de las pocas cosas que puedo dar a otros, sin tenerla para mi mismo.
El periódico es una tienda en que se venden al público las palabras del mismo color que las quiere.
El primer deber del hombre es desarrollar todo lo que posee, todo aquello en que él mismo pueda convertirse.
El público es más inteligente de lo que él mismo cree, pero no hay que decírselo, porque si no se vuelve aún más impertinente de lo que es de por sí.
El que a los suyos menosprecia, a sí mismo se desprecia.
El que conoce el arte de vivir consigo mismo ignora el aburrimiento.
El que domina a los otros es fuerte; el que se domina a sí mismo es poderoso.
El que empieza a instruirse en la filosofía de todo se echa la culpa a sí mismo.
El que hace un favor a quien lo merece, él mismo lo recibe.
El que no cree en si mismo miente siempre.
El que no encuentra un biógrafo ha de forjarse la vida él mismo.
El que no se posee a sí mismo es extremadamente pobre.
El que quiera prosperar en sus negocios hágalos por sí mismo, y si quiere que todo le salga mal, no tiene más que confiarlos a manos ajenas.
El que renuncia a un derecho solamente se quita de en medio para poder gozar del mismo sin impedimento de su parte.
El que tiene fe en sí mismo no necesita que los demás crean en él.
El recuerdo que deja un libro es más importante que el libro mismo.
El respeto a sí mismo es el indumento más noble y el sentimiento más elevado que pueda caber en el ánimo humano.
El rey está rodeado de gentes que no piensan sino en divertirlo y en impedir que piense en sí mismo. Porque, por muy rey que sea, es desgraciado si piensa en ello.
El secreto del hombre interesante es que él mismo se interesa por todos.
El silencio es el partido más seguro para el que desconfía de sí mismo.
El simple deseo de progresar ya representa en sí mismo un gran progreso.
El slang que se ha establecido en el lenguaje, y el slang que uno mismo inventa. Todo lo demás está propenso a ponerse fuera de moda antes de alcanzar la imprenta.
El tiempo es un niño que juega como un niño. Yo soy uno pero contrapuesto a mí mismo soy joven y viejo al mismo tiempo.
El trabajo es un título natural para la propiedad del fruto del mismo, y la legislación que no respete ese principio es intrínsecamente injusta.