Después de la propia sangre, lo mejor que el hombre puede dar de si mismo es una lágrima.
Dios no escucha vuestras palabras, salvo cuando él mismo las profiere a través de vuestros labios.
Dólares son esos imprudentes billetes americanos que tienen diverso valor y el mismo tamaño.
Ebrio placer es, para quien sufre, apartar la vista de su sufrimiento y perderse a sí mismo.
El abandono en dios es un don y al mismo tiempo, la mayor manifestación de la libertad del hombre.
El amor es la única cosa de este mundo que no quiere más comprador que a sí mismo.