Quien escribe lo que le gusta a los demás puede ser un buen escritor pero nunca será un artista.
Y yo, ciego y mortal, hacia tu carne, hacia las soledades de tu pecho pongo mi corazón y escucho.
Yo no tendría ningún interés en escribir si supiera de antemano lo que va a pasar en mis cuentos.
¡Fuego, la mañana hace fuego y nos golpea los corazones! Levantémoslos arriba, siempre arriba.
Acércate. Junto a la noche te espero. Nádame. Fuentes profundas y frías avivan mi corriente.
No existe la casualidad, y lo que se nos presenta como azar surge de las fuentes más profundas.