La vida es un hospital donde cada enfermo está poseído por el deseo de cambiar de cama.
Las personas cambian cuando se dan cuenta del potencial que tienen para cambiar las cosas.
Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo pequeñas cosas, puede cambiar el mundo.
Nada me inspira más veneración y asombro que un anciano que sabe cambiar de opinión.
Nadie puede ser esclavo de su identidad: cuando surge una posibilidad de cambio, hay que cambiar.
No puedo cambiar la dirección del viento, pero puedo ajustar mis velas para llegar a mi destino.
No se puede cambiar el curso de la historia a base de cambiar los retratos colgados en la pared.
No teniendo ideas que cambiar, se cambian cartas y se procura sacarse mutuamente los cuartos.
Resulta que si uno no se apura a cambiar el mundo, después es el mundo el que lo cambia a uno.