Aunque las mujeres no somos buenas para el consejo, algunas veces acertamos.
Autoevidente: evidente para uno mismo, pero no para los demás.
Averguénzate de morir antes de haber conseguido alguna victoria para la humanidad.
Ayer pasó Dios por mi puerta y me miró a los ojos (nunca lo había visto de aquel modo inquisitivo). Hizo que repitiera el nombre que llevo entre los labios: era tu nombre, amor.
Bajo un gobierno que encarcele a alguien injustamente, el sitio adecuado para una persona justa es también la cárcel.
Basta con aguantar en la vida para que los ilegítimos queden legitimados. Se siente una infinita estima por la inmoralidad, porque no ha dejado de serlo y el tiempo la ha condecorado con arrugas.
Basta el instante de un cerrar de ojos para hacer de un hombre pacífico un guerrero.
Basta un instante para hacer un héroe y una vida entera para hacer un hombre de bien.
Basta un poco de espíritu aventurero para estar siempre satisfechos, pues en esta vida, gracias a dios, nada sucede como deseábamos, como suponíamos, ni como teníamos previsto.
Bebo para hacer más interesantes a los demás.
Bebo para olvidar que soy un borracho.
Bien analizada, la libertad política es una fábula imaginada por los Gobiernos para adormecer a sus gobernados.
Bien lo sabe Dios, que en el mundo del amor, no habrá nadie que te quiera más que yo.
Bien mirados, todos nos ocultamos, completamente desnudos, en los vestidos que usamos.
Borra el pasado para no repetirlo, para no tratarte como te trataron ellos; pero no los culpes, porque nadie puede enseñar lo que no sabe, perdónalos y te liberarás de esas cadenas.
Brazos que te sujetaron para alejarte de mí, ¡a mí sí que me salvaron!.
Buena es la guerra para el que no va a ella.
Bueno es que haya ratones, para que no se sepa quien se come el queso.
Busca la ignorancia y te encontrará, busca la verdad y a Dios conocerás.
Cada cosa que existe es una virgen que ha de ser amada para hacerse fecunda.
Cada criatura, al nacer, nos trae el mensaje de que Dios todavía no pierde la esperanza en los hombres.
Cada cual es como Dios le ha hecho, pero llega a ser como él mismo se hace.
Cada individuo se esfuerza siempre para encontrar la inversión más provechosa para el capital que tenga. Al perseguir su propio interés frecuentemente fomenta el de la sociedad mucho más que si en realidad tratase de fomentarlo.
Cada momento es de oro para los que lo saben ver como tal.
Cada niño que viene al mundo nos dice: Dios aún espera del hombre.