El hombre no reza para dar a Dios una orientación, sino para orientarse debidamente a sí mismo.
La religión debería servir más para dar ánimos a los buenos que para aterrorizar a los malos.
La única fe salvadora es la que se arroja así en Dios, para la vida y para la muerte.
Nadie ha aprendido el sentido de la vida hasta que ha sometido a su ego para servir a sus hermanos.
Para Dios todo es hermoso, bueno y justo. Los hombres han concebido lo justo y lo injusto.
Para llegar a la verdad, el alemán suma, el francés resta, y el inglés cambia de tema.
Para rezar a Dios con devoción no hace falta creer en Dios según los dogmas de ninguna religión.