El hecho de que la improvisación se pierde en el aire nos hace apreciar que cada momento de la vida es único. . . Un beso, un atardecer, una danza, un chiste. Ninguno volverá a repetirse de la misma manera. Cada uno sucede una sola vez en la historia del universo.
El hombre bajo todo gobierno sera el mismo, con las mismas pasiones y debilidades.
El hombre de Estado no tiene derecho a ser sentimental.
El hombre encuentra a Dios detrás de cada puerta que la ciencia logra abrir.
El hombre es el único que envejece; todo lo demás rejuvenece en torno suyo cada día.
El hombre es inteligente porque tiene manos.
El hombre es libre, tiene que ser libre. Su primera virtud, su gran hermosura, su gran amor es la libertad.
El hombre famoso tiene la amargura de llevar el pecho frío y traspasado por linternas sordas que dirigen sobre ellos otros.
El hombre feliz es el que vive objetivamente, el que es libre en sus afectos y tiene amplios intereses, el que se asegura la felicidad por medio de estos intereses y afectos que, a su vez, le convierten a él en objeto de interés y el afecto de otros muchos.
El hombre inteligente no es el que tiene muchas ideas, sino el que sabe sacar provecho de las pocas que tiene.
El hombre más peligroso es aquel que tiene miedo.
El hombre no tiene naturaleza, sólo tiene historia.
El hombre nunca mira al cielo porque siempre lo tiene a la vista.
El hombre prudente sólo piensa en sus dificultades cuando ello tiene algún objeto. Cuando no, piensa en otra cosa.
El hombre que consigue ver las cosas pequeñas tiene la mirada limpia.
El hombre que me ame hará poesía con su vida, construyendo cada día con la mirada puesta en el futuro.
El hombre que tiene miedo sin peligro, inventa el peligro para justificar su miedo.
El hombre rico tiene aduladores, no amigos.
El hombre sabio no debe abstenerse de participar en el gobierno del Estado, pues es un delito renunciar a ser útil a los necesitados y un cobardía ceder el paso a los indignos.
El hombre sincero tiene derecho al error.
El hombre tiene corazón, aunque no siga sus dictados.
El hombre tiene dos caras: no puede amar sin amarse.
El hombre tiene el amor por ala, y el deseo por yugo.
El hombre tiene miedo a la pérdida del poder, le asustan las mujeres que saben lo que quieren y están seguras de si mismas.
El hombre tiene que establecer un final para la guerra. Sino, ésta establecerá un fin para la humanidad.