Cada cual tiene la edad de sus emociones.
Cada día debemos juzgarlo una nueva vida.
Cada día el sol ilumina un mundo nuevo.
Cada día es una pequeña vida.
Cada día esconde una nueva revelación o un nuevo descubrimiento que puedo obtener.
Cada día sabemos más y entendemos menos.
Cada día trae nuevas posibilidades.
Cada día un grano pon, y harás un montón.
Cada dogma tiene su día, pero los ideales son eternos.
Cada experiencia lleva en sí misma su lección.
Cada fracaso le enseña al hombre algo que necesitaba aprender.
Cada guerra es una destrucción del espíritu humano.
Cada hombre debe tener derecho a elegir su destino.
Cada hombre deja sus huellas.
Cada hombre lleva un fantasma de mujer, no en la imaginación que entonces sería fácil de expulsarle; sino circulando en su sangre, y cada mujer un fantasma más o menos concreto de hombre.
Cada hombre tiene que inventar su camino.
Cada hombre tiene su precio.
Cada hombre, en el fondo de su corazón, tiene derecho a creerse enteramente igual a los demás hombres; de ello no se desprende que el cocinero de un cardenal deba ordenar a su amo que le haga la cena; pero el cocinero puede decir: "Soy hombre como mi amo; he nacido llorando como él; él morirá como yo entre las mismas angustias y las mismas ceremonias. Los dos tenemos las mismas funciones animales. Si los turcos se apoderan de Roma, y entonces yo me convierto en cardenal y mi amo en cocinero, lo tomaré a mi servicio".
Cada hora de tiempo perdido en la juventud es una posibilidad más de desgracia en la adultez.
Cada hora hiere, la última acaba con nosotros.
Cada individuo se esfuerza siempre para encontrar la inversión más provechosa para el capital que tenga. Al perseguir su propio interés frecuentemente fomenta el de la sociedad mucho más que si en realidad tratase de fomentarlo.
Cada instante de la vida es un paso hacia la muerte.
Cada instrumento (o medio) debe adaptarse a la experiencia.
Cada lector se encuentra a sí mismo. El trabajo del escritor es simplemente una clase de instrumento óptico que permite al lector discenir sobre algo propio que, sin el libro, quizá nunca hubiese advertido.
Cada loco con su tema.