A caballero nuevo, caballo viejo.
A caballo ajeno, espuelas propias.
A caballo de alquiler: mucha carga y mal comer.
A caballo grande, grandes espuelas.
A caballo que se empaca, darle estaca.
A caballo regalado, no le mires el diente.
Al amigo y al caballo, no hay que cansarlos.
Apártate del camino gorrión sin casta. Pasa el caballo.
Bajando del caballo en el viento de otoño pregunté por el nombre del río.
Caballo que vuela, no necesita espuela.
Caballo sin espuela, barco sin remos ni vela.
Caballo viejo no aprende trote nuevo.
Como al caballo lo prueba el camino, a los hombres los prueba su destino.
Cuando se abandona el pago y se empieza a repechar, tira el caballo adelante y el alma tira pa´atrás.
Desnudo, sobre un caballo desnudo bajo la lluvia torrencial.
El caballo conoce por la brida al que lo guía.
El destino, el azar, los dioses, no suelen mandar grandes emisarios en caballo blanco, ni en el correo del Zar. El destino, en todas sus versiones, utiliza siempre heraldos humildes.
El escritor, muchas veces, es como un caballo de carreras que ha perdido su jinete y ya no sabe porque está corriendo ni dónde está la meta y, sin embargo, se le exige seguir corriendo aunque no sepa ni hacia dónde ni por qué razón.
El ojo del amo, engorda el caballo.
El que de mozo no corre su caballo, lo corre de casado.
El río en el verano y un puente. Pero el caballo pasa por el agua.
Esta mañana nevada Incluso el caballo Es digno de mirar.
Lanza primero tu corazón y tu caballo saltará el obstáculo. Muchos desfallecen ante el obstáculo. Son los que no han lanzado primero el corazón.
Los intelectuales argentinos suben al caballo por la izquierda y bajan por la derecha.
Nada se ha visto más ridículo desde que Calígula nombró cónsul a su caballo.