Quién lo diría, los débiles de veras nunca se rinden
Se despidieron y en el adiós ya estaba la bienvenida
Si el corazón se aburre de querer para qué sirve
Un sociólogo norteamericano dijo hace más de treinta años que la propaganda era una formidable vendedora de sueños, pero resulta que yo no quiero que me vendan sueños ajenos, si no sencillamente que se cumplan los míos.
Un torturador no se redime suicidándose, pero algo es algo.
Yo amo, tu amas, el ama, nosotros amamos, vosotros amaís, ellos aman... Ojalá no fuese conjugación sino realidad.
Yo no sé si Dios existe, pero si existe, sé que no le va a molestar mi duda.
¡Si uno conociera lo que tiene, con tanta claridad como conoce lo que le falta!