Estoy muy triste y me siento más desgraciado de lo que puedo decir, y no sé hasta dónde he llegado. . . No sé qué hacer ni qué pensar, pero deseo vehementemente dejar este lugar. . . Siento tanta melancolía.
Evitad las decisiones desesperadas; pasará el día más tenebroso si tenéis valor para vivir hasta el día siguiente.
Evitará muchas preocupaciones innecesarias si no quema sus puentes hasta haberlos pasado.
Existen tres tipos de personas; aquellas que se preocupan hasta la muerte, las que trabajan hasta morir y las que se aburren hasta la muerte.
Fácil sería demostrar que desde las Cruzadas hasta los últimos conatos de revoluciones, la historia de Europa ha estado movida por utopías, por grandes imposibles. Y, sin embargo, de esos delirios ha salido la historia efectiva. Y más aún que como realidades, bien tristes si se las mira sin dejarse deslumbrar por su gloria, conmueve por lo que tienen de monumentos funerarios de las esperanzas europeas, de las concreciones que en forma de empresas ha tomado la esperanza europea. Son sus rastros, las huellas en la arena del tiempo de su anhelo. Son las cenizas de sus sueños.
Gato enfadado, araña hasta con el rabo.
Genio y figura hasta la sepultura.
Gratis, hasta las puñaladas.
Hace tiempo conviví casi dos años con una mujer hasta descubrir que sus gustos eran exactamente como los míos: los dos estábamos locos por las chicas.
Hacer el amor es algo muy sano: quemas calorías y hasta te olvidas de quién eres.
Hasta de los malvados, nadie habla mal en su funeral.
Hasta de males hay ambición.
Hasta donde hemos perdido la creencia, hemos perdido la razón.
Hasta el día de hoy no he conocido a nadie que no haya gobernado algún Estado. No hablo desde luego de los señores ministros, que gobiernan efectivamente, los unos dos o tres años, los otros seis meses y otros seis semanas; hablo de todos los demás hombres que, a la hora de cenar o en su gabinete, exponen su sistema de gobierno y reforman los ejércitos, la Iglesia, la magistratura y las finanzas.
Hasta el mediodía no sentí especial ansia el hototogisu.
Hasta el romano indigente se sentía orgulloso de poder decir "civis romanus sum"; Roma y el Imperio eran su familia, su hogar, su mundo.
Hasta en la muerte de un pajarillo interviene una providencia irresistible.
Hasta en las democracias más puras, como los Estados Unidos y Suiza una minoría privilegiada detenta el poder contra la mayoría esclavizada.
Hasta en una declaración de guerra deben observarse las reglas de urbanidad.
Hasta hoy las máquinas no han abreviado una hora el trabajo de un solo ser humano.
Hasta la desgracia se cansa de perseguir al pobre.
Hasta la desgracia se cansa.
Hasta la muerte huye de los desgraciados.
Hasta la muerte, todo es vida.
Hasta la raíz más pequeña encuentra su leñador.