No hay mañana que deje de convertirse en ayer.
No hay mañana que no se convierta en ayer.
No pises este lugar: ¡Ayer tarde había por aquí luciérnagas!.
Nunca es tarde para bien hacer; haz hoy lo que no hiciste ayer.
Parecía la amapola que ayer vi en el cementerio, sus rojos labios que ansiaban darme los últimos besos.
Y es que estoy aqui, buscando en el ayer lo que no encuentro hoy..
Y hoy igual que mañana, mañana igual que ayer un hombre enloquecido besará una mujer
Podemos creer que todo lo que la vida nos ofrecerá mañana es repetir lo que hicimos ayer y hoy. Pero, si prestamos atención, percibiremos que ningún día es igual a otro. Cada mañana trae una bendición escondida; una bendición que solo sirve para este día y que no puede guardarse o desaprovecharse. Si no usamos este milagro hoy, se perderá. Este milagro esta en los detalles de lo cotidiano; es preciso vivir cada minuto porque allí encontramos la salida de nuestras confusiones, la alegría de nuestros buenos momentos, la pista correcta para la decisión que ha de ser tomada. No podemos dejar nunca que cada día parezca igual al anterior porque todos los días son diferentes. Presta atención a todos los momentos, porque la oportunidad, el “instante mágico”, esta a nuestro alcance.