El deporte gusta porque halaga la avaricia, es decir, la esperanza de poseer más.
Es detestable esa avaricia espiritual que tienen los que sabiendo algo, no procuran la transmisión de esos conocimientos.
Hay que encontrar un modo de preservar a las generaciones venideras de la avaricia o inhabilidad de las presentes.
La avaricia es como el fuego, cuando más leña se pone, más arde.
La avaricia es el descontrol de una persona hacia la que nos hace volvernos locos.
La avaricia es la más desinteresada de las pasiones, ya que exige una abnegación, a veces de magnitud heroica.
La avaricia es la mayor de las pobrezas.
La avaricia es la pobreza de los ricos.
La avaricia lo pierde todo por quererlo todo.
La avaricia rompe el saco.
La avaricia y la ambición, congelan al corazón.
Las pasiones engendran a menudo otras que son sus contrarias: la avaricia produce a veces la prodigalidad, y la prodigalidad la avaricia; a menudo somos firmes por ser débiles, y audaces por cobardía.
Los celos son una mezcla explosiva de amor, odio, avaricia y orgullo.
Nada nos hace más vulnerables que la soledad, excepto la avaricia.
No es la pobreza la que aflige, sino la avaricia; así como no son las riquezas las que preservan de todo temor, sino la razón.
¿Qué es la avaricia? Un continuo vivir en la pobreza por temor a ser pobre.