He aquí una cosa que rechazamos cuanto más la necesitamos: el consejo. De mala gana lo escucha quien más lo necesitaría, a saber: el ignorante.
He buscado en tu cuerpo la canción. Alguien lleva un tesoro entre las manos.
Hombre recogerá quien siembre escuela.
Honra quien pide: Es que cree en la virtud de quien da.
Idiota: Del griego idiotés, utilizado para referirse a quien no se metía en política, preocupado tan sólo en lo suyo, incapaz de ofrecer nada a los demás.
Indudablemente nadie se ocupa de quien no se ocupa de nadie.
Inocente es quien no necesita explicarse.
Justa causa de alegría es ver alegre a un amigo.
La adulación en un amigo verdadero es una cosa monstruosa.
La amistad de dos personas es de fundamental importancia, ya que sin el otro, uno no puede ser amigo de nadie más.
La belleza de las cosas existe en el espíritu de quien las contempla.
La belleza no hace feliz al que la posee, sino a quien puede amarla y adorarla.
La confidencia descubre quién era o no digno de ella.
La dicha de la vida consiste en tener siempre algo que hacer, alguien a quien amar y alguna cosa que esperar.
La dignidad es el respeto que una persona tiene de sí misma y quien la tiene no puede hacer nada que lo vuelva despreciable a sus propios ojos.
La disciplina es el mejor amigo del hombre, porque ella le lleva a realizar los anhelos más profundos de su corazón.
La fortaleza del hombre se prueba en la desgracia, y la fidelidad de un buen amigo se prueba en la tempestad.
La historia no es ni hace nada. Quien es y hace es el hombre.
La ignorancia es la carga más pesada. Pero quien lo lleva no lo siente.
La libertad es como la vida, sólo la merece quien sabe conquistarla todos los días.
La llaga de amor, quien la sana, la hace
La llaga de amor, quien la sana, la hace.
La madurez hace al hombre más espectador que autor de vida social.
La muerte como final de tiempo que se vive sólo puede causar pavor a quien no sabe llenar el tiempo que le es dado a vivir.
La muerte es ese amigo que aparece en las fotografías de la familia, discretamente a un lado, y al que nadie acertó nunca a reconocer.