En ciencia el reconocimiento se concede al hombre que convence al mundo, no a aquel a quien se le ocurre la idea.
En cuanto a la adversidad, difícilmente la soportarías si no tuvieras un amigo que sufriese por ti más que tu mismo.
En dos segundos me ha hecho usted feliz para siempre. Si, feliz. Quien sabe, quizá me ha reconciliado conmigo mismo, quizá ha resuelto mis dudas... quizá hay también para mi minutos así...
En Egipto se llamaban las bibliotecas el tesoro de los remedios del alma. En efecto, curábase en ellas de la ignorancia, la más peligrosa de las enfermedades y el origen de todas las demás.
En el amor no existe el libre albedrío, nadie puede decidir de quién va a enamorarse.
En este mundo siempre hay peligros para quien les tiene miedo.
En general está por norma dispuesto a sacrificarse quien de otro modo no sabe darle un sentido a su vida.
En las cosas humanas hay una marea que si se toma a tiempo conduce a la fortuna; para quien la deja pasar, el viaje de la vida se pierde en bajíos y desdichas.
En mi época no había best sellers y no podíamos prostituirnos. No había quien comprara nuestra prostitución.
En política sólo triunfa quien pone la vela donde sopla el aire; jamás quien pretende que sople el aire donde pone la vela.
En preguntar lo que sabes el tiempo no has de perder. . . Y a preguntas sin respuesta ¿quién te podrá responder?.
En realidad, todas las cosas, todos los acontecimientos, para quien sabe leerlos con profundidad, encierran un mensaje que, en definitiva, remite a Dios.
Enseñar a quien no está dispuesto a aprender es malgastar las palabras.
Enseñar a quien no quiere aprender es como sembrar un campo sin ararlo.
Entre dos amantes, la prueba de que uno ama demasiado dispensa para siempre, a quien la recibe, de amar lo suficiente.
Es de importancia para quien desee alcanzar una certeza en su investigación, el saber dudar a tiempo.
Es difícil hacer justicia a quien nos ha ofendido.
Es el mejor de los buenos quien sabe que en esta vida todo es cuestión de medida: un poco más, algo menos. . .
Es hombre quien imponiéndose a su yo se somete a los «li» (costumbres), a la ley de las convenciones sociales.
Es la confesión, no el sacerdate, quien da la absolución.
Es más fácil perdonar a un enemigo que a un amigo.
Es mejor cojear por el camino que avanzar a grandes pasos fuera de él. Pues quien cojea en el camino, aunque avance poco, se acerca a la meta, mientras que quien va fuera de él, cuanto más corre, más se aleja.
Es peor cometer una injusticia que padecerla porque quien la comete se convierte en injusto y quien la padece no.
Es preferible fiarse del hombre equivocado a menudo, que de quien no duda nunca.
Es rey quien nada teme, es rey quien nada desea; y todos podemos darnos ese reino.