Ni vale nada el fruto cogido sin sazón. . . Ni aunque te elogie un bruto ha de tener razón.
Ninguna esperanza queda de virtud, cuando no solamente deleitan los vicios, sino que se aprueban.
No se deberían poner caras largas, aunque sólo fuera para no tener más superficie que afeitar.
No te nombro; pero estás en mí como la música en la garganta del ruiseñor aunque no esté cantando.