Los primeros cuarenta años de vida nos dan el texto; los treinta siguientes, el comentario.
No creo que existan reglas sobre los asuntos del amor y la cantidad de compasión que conllevan.
No me arrepiento en absoluto de haber corrido todos los riesgos por aquello que me importaba.
No teniendo ideas que cambiar, se cambian cartas y se procura sacarse mutuamente los cuartos.
Parece significativo que en griego el diablo se llame propiamente "calumniador": diabolos.
Qué inapropiado llamar Tierra a este planeta, cuando es evidente que debería llamarse Océano.
Quien ha perdido la esperanza ha perdido también el miedo: tal significa la palabra "desesperado".