Para vivir sólo es preciso ser un animal o un dios -dice Aristóteles. Falta el tercer caso: hay que ser ambas cosas: un filósofo.
Pensar es como vivir dos veces.
Peor que la muerte, el miedo a morir. Peor que el miedo a morir, el miedo a vivir.
Pero llamarle juego, ¿no es limitarle injuriosamente? ¿No es también una ciencia, un arte algo sutil que está suspendido entre uno y otro jugador, como el féretro de mahoma entre el cielo y la tierra? El origen del juego del ajedrez se pierde en la noche de los tiempos, y, sin embargo, resulta siempre nuevo; su marcha es mecánica, pero su resultado se debe siempre a la imaginación de los jugadores.
Poder disfrutar de los recuerdos de la vida es vivir dos veces.
Política es eso: el arte de ir levantando hasta la justicia la humanidad injusta; de conciliar la fiera egoísta con el ángel generoso; de favorecer y de armonizar para el bien general, y con miras a la virtud, los intereses.
Porque aprecio la vida en su justa medida, al amor lo reinvento y al vivir cada instante, y al gozar cada intento, se que alcanzo lo grande con las alas del alma, desplegadas al viento.
Porque eso es la muerte: vivir ese instante dominado tan sólo por ese instante.
Prefiero morir de pie que vivir siempre arrodillado.
Prefiero morir persiguiendo lo que quiero, que vivir haciendo lo que me quita la vida.
Prefiero vivir un día en la tierra que cien años en la historia.
Proteger el gusto es matar el arte.
Pues el defecto no está en el tiempo, sino en vivir y procurar todas las cosas de acuerdo con la pasión.
Que nunca el arte abstracto, que nos tiraniza hoy día arranque de sus encantos este volumen asombroso.
Quedarse en lo conocido por miedo a lo desconocido, equivale a mantenerse con vida pero no vivir.
Quien quiera vivir en paz, que esté preparado para pelear.
Quienes dicen que el arte no debe propagar doctrinas suelen referirse a doctrinas contrarias a las suyas.
Quienquiera que cultive la fantasía en el arte está un poco loco. Su problema estriba en hacer interesante esa locura.
Quiero la tierra y sus maravillas: el mar, el sol. Quiero penetrar en él, ser parte de él, vivir en él, aprender de él, perder todo lo que es superficial y adquirido en mí, volverme un ser humano conciente y sincero.
Quiero vivir y morir en el ejército de los humildes, uniendo mis oraciones a las suyas, con la santa libertad del obediente.
Quisiera vivir para estudiar, no estudiar para vivir.
Quizás el arte de gobernar sea precisamente eso: el arte de saber valorar al pueblo y esforzarse por alentar y cumplir sus sueños.
Saben realmente vivir aquellos que se comparan fundamentalmente con gente que les va peor que a ellos.
Saber olvidar, más es dicha que arte.
Se lo suficientemente valiente para vivir la vida con la que sueñas en lugar con la vida que otros esperan que vivas.