No; no es por un crimen por lo que nos condenáis a muerte; es por lo que se ha dicho en todos los tonos, es por la anarquía; y puesto que es por nuestros principios por lo que nos condenáis, yo grito sin temor: ¡soy anarquista!.
Nos moriremos todos, pero nuestras obras permanecerán.
Nuestras vidas no están en manos de los dioses, sino en manos de nuestros cocineros.
Nuestro gran tormento en la vida proviene de que estamos solos y todos nuestros actos y esfuerzos tienden a huir de esa soledad.
Nuestros patriotas están revestidos de pasiones, y en particular, la de la venganza; es preciso contenerla y pedir a Dios que la destierre, porque de no, esto es de nunca acabar y jamás veremos la tranquilidad.
Nunca creí que pudiéramos transformar el mundo, pero creo que todos los días se pueden transformar las cosas.
O caminamos todos juntos hacia la paz, o nunca la encontraremos.
Oh santo temeroso ¡anímate!, las nubes que tanto temes, llenas de misericordia están y sobre ti bendiciones derramarán.
Oh, esos pobres pícaros que están en las grandes ciudades de la política mundial, hombres jóvenes, dotados, torturados por la ambición, que consideran su deber decir su palabra acerca de todos los sucesos -¡Y siempre sucede algo!.
Oír a todos, creer a pocos.
Oyendo, viendo y callando, con todos en paz me ando.
Para el beso, la nariz y los ojos están tan mal colocados como mal hechos los labios.
Para el hombre dichoso todos los países son su patria.
Para llegar a aborrecer a los conquistadores, habría que saber todos los males que causan; habría que ser testigo de la indiferencia con la que se les sacrifican las más inofensivas criaturas en algún rincón del globo en el que ellos jamás han puesto los pies.
Para los vanidosos todos los demás hombres son admiradores.
Para poder enseñar a todos los hombres a decir la verdad es preciso que aprendan a oirla.
Parece, Sancho, que no hay refrán que no sea verdadero, porque todos son sentencias sacadas de la mesma experiencia, madre de las ciencias todas.
Patriotismo es tu convencimiento de que este país es superior a todos los demás porque tú naciste en él.
Perdona a todos tus enemigos, pero no olvides sus nombres.
Perdona a todos y perdónate a ti mismo, no hay liberación más grande que el perdón; no hay nada como vivir sin enemigos. Nada peor para la cabeza, y por lo tanto para el cuerpo, que el miedo, la culpa, el resentimiento y la crítica (agotadora y vana tarea), que te hace juez y cómplice de lo que te disgusta.
Pero mientras las dos terceras partes del mundo están subdesarrolladas, ¿cómo vamos a derrochar grandes cantidades en la construcción de templos de piedra olvidando a cristo vivo, presente en la persona de los pobres?.
Piensa el ladrón que todos son de su condición.
Pienso que todos estamos ciegos. Somos ciegos que pueden ver, pero que no miran.
Pocos ven lo que somos, pero todos ven lo que aparentamos.
Poesía... tristeza honda y ambición del alma ¡cuándo te darás a todos... a todos, al príncipe y al paria, a todos... sin ritmo y sin palabra!.