Dios está en todos los hombres, pero no todos los hombres están en Dios: Por eso sufren.
Todos los cementerios del mundo están llenos de gente que se consideraba imprescindible.
Visto un león, están vistos todos, pero visto un hombre, sólo está visto uno, y además mal conocido.
Todos somos maestros y alumnos. Pregúntate: ¿qué vine a aprender aquí y qué vine a enseñar?.
-Las buenas cosas ocurren todos los días. Solo nos tenemos que dar cuenta de ellas.