Condición de buen amigo, condición de buen vino.
Cuando el mar estaba claro tracé tu nombre en la playa, vino un oleaje a borrarlo y el mar se volvió esmeralda.
Cuando tengo que elegir entre dos males, siempre prefiero aquel que no he probado.
Cuando uno se hace viejo, gusta más releer que leer.
Cuerdo es aquel que puede fingir cordura.
Culto es aquel que sabe dónde encontrar lo que no sabe.
De aquel que opina que el dinero puede hacerlo todo, cabe sospechar con fundamento que será capaz de hacer cualquier cosa por dinero.
Déjame que llore como aquel que sufre en vida la tortura de llorar su propia muerte.
Del mal vino, buena borrachera.
Desconfía de la persona que lo ve todo bien, y de aquel que lo ve todo mal.
Desde la mitad de la vida hacia adelante, solo permanece vital aquel que está preparado para morir con vida.
Dichosísimo aquel que corriendo por entre los escollos de la guerra, de la política y de las desgracias públicas, preserva su honor intacto.
Dichoso es aquel que mantiene una profesión que coincide con su afición.
Dijo la rana al mosquito desde una tinaja: más quiero morir en el vino que vivir en el agua...
Diseña todo aquel que idea medidas de acción dirigidas a cambiar situaciones existentes por situaciones preferibles.
Egoísta es aquel que se interesa mas en él mismo que en mi.
El amor es como el vino, y como el vino también, a unos reconforta y a otros destroza.
El amor más fuerte es aquél que puede mostrar su fragilidad.
El ánfora guarda siempre el aroma del primer vino que guardó.
El bebedor fino, a sorbitos bebe el vino.
El buen ciudadano es aquel que no puede tolerar en su patria un poder que pretende hacerse superior a las leyes.
El bueno es el que guarda, cual venta del camino, para el sediento el agua, para el borracho el vino.
El castigo más justo es aquel que uno mismo se impone.
El deporte gusta porque halaga la avaricia, es decir, la esperanza de poseer más.
El día peor empleado es aquél en que no se ha reído