Creías que destruir lo que separa era unir. Y has destruido lo que separa. Y has destruido todo. Porque no hay nada sin lo que separa.
Creo que nos habitamos unos a otros, pero no habitados. Porque no podríamos habitarnos unos a otros, habitados.
Creo que son los males del alma, el alma. Porque el alma que se cura de sus males, muere.
Cuando comienzan a vernos como esto, como aquello, comienzan a no vernos.
Cuando las estrellas bajan, ¡qué triste es bajar los ojos para verlas!.
Cuando lo superficial me cansa, me cansa tanto, que para descansar necesito un abismo.
Cuando me conformo con nada es cuando me conformo de todo.
Cuando me encuentro con alguna idea que no es de este mundo, siento como si se ensanchara este mundo.
Cuando me hiciste otro, te dejé conmigo.
Cuando no puedes hacerme reír o llorar, sólo puedes cansarme.
Cuando nos vimos por primera vez, no hicimos sino recordarnos. Aunque te parezca absurdo, yo he llorado cuando tuve conciencia de mi amor hacia ti, por no haberte querido toda la vida.
Cuando se quiere algo de verdad, desaparecen del vocabulario las palabras aburrimiento, cansancio, desilusión.
Cuando sueñas, lloras o bailas como un loco y el temor acecha, te duele el tiempo perdido y llueve. Escribe entonces.
Cuando tú y la verdad me hablan, no escucho a la verdad. Te escucho a ti.
Cuántos, cansados de mentir, se suicidan en cualquier verdad.
Cuatro principios a tener en cuenta: lo contrario es también frecuente. No basta mover para renovar. No basta renovar para mejorar. No hay nada que sea absolutamente empeorable.
De lo que llaman los hombres virtud, justicia y bondad, una mitad es envidia, y la otra no es caridad.
Debieras extinguir tus ojos antes que se extinga el sol, para dejarlo encendido.
Del vivir conozco el vivir de nada, del morir, el morir de todo.
Descansa en paz, oh complicada, oh elaborada eternidad concluida.
Despacito y buena letra, que el hacer las cosas bien, importa más que el hacerlas.
Después de la verdad nada hay tan bello como la ficción.
Dicen que el hombre no es hombre mientras no oye su nombre de labios de una mujer
Dichoso el que olvida el por qué del viaje y, en la estrella, en la flor, en el celaje deja su alma prendida.
Dios le ha dado mucho al hombre; pero el hombre quisiera algo del hombre.