Si yo te diera la vida, ¿qué podría darte?.
Sí, es entrando en todo como voy saliendo de todo.
Sí, eso es el bien: perdonar el mal. No hay otro bien.
Sí, están equivocados, porque no saben. Y si supieran. . . Nada. Ni estarían equivocados.
Sí, esto está mal. Pero estuvo bien. Y ahora no comprendo cómo pudo estar bien. Y ahora no comprendo cómo puede estar mal.
Sí, me apartaré. Prefiero lamentarme de tu ausencia que de ti.
Sí, son millones de estrellas. Y millones de estrellas son dos ojos que las miran.
Sí, trataré de ser. Porque creo que es orgullo no ser.
Sí, ya he oído todo. Ahora sólo me falta callarme.
Sin el tiempo, esa invención de Satanás, el mundo perdería la angustia de la espera y el consuelo de la esperanza.
Sin esa tonta vanidad que es el mostrarnos y que es de todos y de todo, no veríamos nada y no existiría nada.
Situado en alguna nebulosa lejana hago lo que hago, para que el universal equilibrio de que soy parte no pierda el equilibrio.
Su falda semejante a viento azul que llega como una promesa concedida.
Su pelo en breves páginas, las fugitivas páginas, desordena sometiendo las plumas de la almohada a la técnica del sueño.
También es el filósofo, digámoslo de pasada, el hombre que no quisiera dar nunca en el blanco sobre el cual dispara y para ello lo pone más allá del alcance de toda escopeta.
Te asusta el vacío, ¡y abres más los ojos!.
Te me escapabas, de cristal y aroma, por el aire, que entraba y que salía, dueño de ti por dentro. Y yo quedaba fuera, en el dintel de siempre, prisionero de la celda exterior
Tenemos el clavo, ahora solo me falta encontrar el martillo.
Tengo a mis amigos en mi soledad; cuando estoy con ellos ¡qué lejos están!.
Toda persona anónima es perfecta.
Todo deseo tiene un objeto y éste es siempre oscuro. No hay deseos inocentes.
Todo es como los ríos, obra de las pendientes.
Todo lo que se ignora, se desprecia.
Todo lo que una mujer quiere de verdad - un perro, un hombre, Dios, cualquier cosa - lo quiere como a un hijo.
Todo necio confunde valor y precio.