A las palabras de amor les sienta bien un poquito de exageración.
A quien nos justifica nuestra desconfianza llamamos enemigo, ladrón de una esperanza.
Ayudadme a comprender lo que os digo y os lo explicaré mejor.
Benevolencia no quiere decir tolerancia de lo ruin, o conformidad con lo inepto, sino voluntad de bien.
Caminante, no hay camino, se hace camino al andar.
Converso con el hombre que siempre va conmigo. Quién habla solo, espera hablar con Dios un día.
Cuando nos vimos por primera vez, no hicimos sino recordarnos. Aunque te parezca absurdo, yo he llorado cuando tuve conciencia de mi amor hacia ti, por no haberte querido toda la vida.
Cuatro principios a tener en cuenta: lo contrario es también frecuente. No basta mover para renovar. No basta renovar para mejorar. No hay nada que sea absolutamente empeorable.
De lo que llaman los hombres virtud, justicia y bondad, una mitad es envidia, y la otra no es caridad.
Despacito y buena letra, que el hacer las cosas bien, importa más que el hacerlas.
Después de la verdad nada hay tan bello como la ficción.
Dicen que el hombre no es hombre mientras no oye su nombre de labios de una mujer
Dichoso el que olvida el por qué del viaje y, en la estrella, en la flor, en el celaje deja su alma prendida.
El bueno es el que guarda, cual venta del camino, para el sediento el agua, para el borracho el vino.
El cine... ese invento del demonio.
El hombre sólo es rico en hipocresía. En sus diez mil disfraces para engañar confía;y con la doble llave que guarda su mansión para la ajena hace ganzúa de ladrón.
El hombre, a quien el hambre de la rapiña acucia, de ingénita malicia y natural astucia, formó la inteligencia y acaparó la tierra. ¡y aún la verdad proclama! ¡supremo ardid de guerra!.
El ojo que tú ves no es ojo porque tú lo veas, es ojo porque él te ve.
En caso de vida o muerte se debe estar con el más prójimo.
En el análisis psicológico de las grandes traiciones encontraréis siempre la mentecatez de Judas Iscariote.
En España, de cada diez cabezas, nueve embisten y una piensa.
En la desesperanza y en la melancolía de tu recuerdo, soria, mi corazón se abreva.
En mi soledad he visto cosas muy claras que no son verdad.
En política sólo triunfa quien pone la vela donde sopla el aire; jamás quien pretende que sople el aire donde pone la vela.
En preguntar lo que sabes el tiempo no has de perder. . . Y a preguntas sin respuesta ¿quién te podrá responder?.