El arte es una rebelión contra el destino.
El tiempo cura lo que la razon en vano procura.
El verdadero combate empieza cuando uno debe luchar contra una parte de sí mismo. Pero uno sólo se convierte en un hombre cuando supera estos combates.
He aprendido que una vida no vale nada, pero también que nada vale una vida.
La cultura es lo que, en la muerte, continúa siendo la vida.
La juventud es una religión a la que uno siempre acaba convirtiéndose.
La muerte sólo tiene importancia en la medida en que nos hace reflexionar sobre el valor de la vida.
La realidad no tiene estilo ni talento.
La tradición no se hereda se conquista.
La vida es el conjunto de las fuerzas que se oponen a la muerte.
Lo difícil no es estar con los amigos cuando tienen razón, sino cuando se equivocan.
No hay cincuenta maneras de combatir, sólo hay una, vencer. Ni la revolución ni la guerra consisten en autocompadecerse.
No tarda nueve meses sino sesenta años en formarse un hombre.
Si de veras llegásemos a poder comprender, ya no podríamos juzgar.
Todo hombre se parece a su dolor.
Al principio no se trata de entender sino de amar.
Ante ciertos libros, uno se pregunta: ¿quién los leerá? Y ante ciertas personas uno se pregunta: ¿qué leerán? Y al fin, libros y personas se encuentran.
Casi todos los hombres ganan al ser conocidos.
Compartir sin reserva alguna la fe de aquel que se ama, es una certidumbre de dicha.
Con frecuencia el hombre busca una diversión y encuentra una compañera.
Cree a aquellos que buscan la verdad; duda de los que la han encontrado.
Cuando deje de indignarme, habrá comenzado mi vejez.
Cuando dos personas que se quieren, chocan, no se mezclan, se rompen.
De nada vale estar vivo si hay que trabajar.
El amor a lo don Juan no es más que afición a la caza.