Es una especie de enfermedad natural de los poderosos no poder fiarse de los amigos.
Es una prueba de poca amistad no darse cuenta del retraimiento de la de nuestros amigos.
Es verdad que cuando se pasan lo setenta son muy pocas las cosas que nos parecen disparates.
Esta noche está en nuestras manos decir alguna verdad que ya, que ya mentimos a diario.
Fácilmente estará contento y sosegado el que, de verdad, tiene la conciencia limpia.
Hay que acostumbrarse a vivir con los enemigos, ya que no a todos podemos hacerles nuestros amigos.
Hay que buscar la verdad y no la razón de las cosas. Y la verdad se busca con humildad.