No ser amado es una simple desventura. La verdadera desgracia es no saber amar
No ser amados es una simple desventura; la verdadera desgracia es no amar.
No ser nada y no amar nada, es lo mismo.
No te preguntes si vale la pena luchar por alguien, pregúntate: Si no lo hubiese hecho, podría perdonarme.
Nunca amamos a nadie: amamos, sólo, la idea que tenemos de alguien. Lo que amamos es un concepto nuestro, es decir, a nosotros mismos.
Nunca le prestes el auto a alguien a quien le has dado la vida.
Nunca pertenecería a un club que admitiera como socio a alguien como yo.
Nunca pierdas la oportunidad de tratar bien a alguien.
Nunca se tiene la libertad de amar o de dejar de amar.
Odiar a alguien es otorgarle demasiada importancia.
Para amar a una persona y perdonárselo todo basta con contemplarla un rato en silencio. A veces vivimos durante muchos años al lado de otra persona y sólo vemos de verdad en el momento de sobrevenirle una desgracia.
Para comprender, me destruí. Comprender es olvidarse de amar. No conozco nada más al mismo tiempo falso y significativo que aquel dicho de Leonardo da Vinci de que no se puede amar u odiar una cosa sino después de haberla comprendido.
Para gozar íntimamente y para amar se necesita soledad, más para salir airoso se precisa vivir en el mundo.
Para hacer ejercicio, pasee con alguien que le acompañe de buen grado, preferentemente un perro.
Pedir celos es despertar a alguien que está durmiendo.
Por supuesto que es posible amar a un ser humano si no lo conocés demasiado.
Puede uno amar sin ser feliz; puede uno ser feliz sin amar; pero amar y ser feliz es algo prodigioso.
Pueden amar los pobres, los locos y hasta los falsos, pero no los hombres ocupados.
Que dos y dos sean necesariamente cuatro, es una opinión que muchos compartimos. Pero si alguien sinceramente piensa otra cosa, que lo diga. Aquí no nos asombramos de nada.
Que malo es amar y no ser amado.
Que ni el sida ni el Papa han conseguido evitar que tiernos mozos y mozas se den al goce de amar.
Qué triste es escuchar a alguien que no se escucha a sí mismo.
Raramente confiaremos en alguien que es mejor que nosotros.
Resulta imposible atravesar una muchedumbre con la llama de la verdad sin quemarle a alguien la barba.
Ruido de alguien sonándose los dedos. Los ciruelos en su estallido.