Lleno estaba el mundo de amigos cuando aún mi cielo era hermoso. Al caer ahora la niebla los ha borrado a todos.
Llueve copiosamente sobre mi cara y sólo pienso en tu lejano amor mientras cobijo con todas mis fuerzas, la esperanza.
Lo malo del amigo es que nos dice las cosas desagradables a la cara; el enemigo las dice a nuestras espaldas y como no nos enteramos, nada ocurre.
Lo más ofensivo que pueda lanzarte a la cara tu peor enemigo no se compara con lo que tus amigos más íntimos hablan de ti a tus espaldas.
Los claros del cielo y la luna y la nieve son un color.
Los espejos se emplean para verse la cara, el arte para verse el alma.
Los hombres son absurdos, se entretienen en trazar rompecabezas con las cosas del cielo, como si no tuvieran bastantes quebraderos de cabeza aquí en la tierra.
Mantén tu cara hacia el sol y no podrás ver una sombra.
Mantén tu cara hacia la luz del sol y no podrás ver la sombra.
Más vale reinar en el Infierno, que servir en el Cielo.
Me desprendo del abrazo, salgo a la calle. En el cielo, ya clareando, se dibuja, finita, la luna. La luna tiene dos noches de edad. Yo, una.
Me encantaría saber qué pasaría si un día llegase del cielo la noticia de que el buen Dios se dispone a enviar una comisión de ángeles con plenos poderes para viajar por Europa, como los jueces en Inglaterra, y poner fin a los grandes procesos que, en el mundo, no tienen otro juez que el derecho del más fuerte.
Mi gloria es vivir tan libre, como el pájaro del cielo, no hago nido en este suelo, ande hay tanto quen sufrir; y naides me ha de seguir cuando yo remuento el vuelo.
Nadie pudo ver el cielo sin elevar la mirada.
Ni siquiera la gente que quiere ir al cielo quiere morir para llegar ahí.
No busques fuera de ti, el cielo está adentro.
No es blando el camino del cielo.
No hay cielo sin nubes, ni paraíso sin serpiente.
No hay cosa tan cara como la que con ruegos se compra.
No inclines nunca la cabeza, tenla siempre erguida. Mira al mundo directamente a la cara.
No puede ser calificado de noble quien desconoce la voluntad del cielo, no puede estar asentado sobre una base firme quien ignora las leyes de las conveniencias («li»); no puede conocer a los hombres quien no entiende de las palabras de ellos.
Nunca olvido una cara pero con la suya voy a hacer una excepción.
Nunca, como al morir un ser querido, necesitamos creer que hay un cielo.
Opino que a los cincuenta, cada uno tiene la cara que se merece.
Persiguiendo los restos de un sueño, el cielo clarea hace fresco.